Es curioso porque en la infancia crees
que puedes ser cualquier cosa que
quieras, ir a donde te venga en gana.
No hay límites. Esperas lo inesperado,
crees en la magia. Luego te haces
mayor y la inocencia se hace añicos. Las
realidades de la vida se interponen en
tu camino y caes en la cuenta de que no
puedes ser todo lo que querías ser, que
quizá tengas que conformarte con un
poquito menos. ¿Por qué dejamos de
creer en nosotros mismos? ¿Por qué
permitimos que los hechos y las cifras
acaben gobernando nuestra vida en
lugar de los sueños? Pero ahora mi
mente ha vuelto a cambiar. No hay
nada imposible, Alex. Siempre lo he
tenido a mi alcance. El problema es que
no estiraba bastante el brazo, eso es
todo
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