jueves, 28 de marzo de 2013

Es curioso porque en la infancia crees 

que puedes ser cualquier cosa que 

quieras, ir a donde te venga en gana. 

No hay límites. Esperas lo inesperado,

 crees en la magia. Luego te haces 

mayor y la inocencia se hace añicos. Las 

realidades de la vida se interponen en 

tu camino y caes en la cuenta de que no

 puedes ser todo lo que querías ser, que

 quizá tengas que conformarte con un

 poquito menos. ¿Por qué dejamos de

 creer en nosotros mismos? ¿Por qué 

permitimos que los hechos y las cifras

 acaben gobernando nuestra vida en 

lugar de los sueños? Pero ahora mi 

mente ha vuelto a cambiar. No hay 

nada imposible, Alex. Siempre lo he 

tenido a mi alcance. El problema es que

no estiraba bastante el brazo, eso es 

todo

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